martes, 19 de mayo de 2015

Seremos abono, mas tendrá sentido.


La arquitecta Katrina Spade ofrece una alternativa verde a la cremación: convertir en abono a los muertos.

La quema de señoras y señores produce mucho gas de efecto invernadero, y la conciencia ‘ecololó’ se preocupaba; ahora, se dice, ha encontrado por fin una muerte que la satisface

Algunos dicen que fue cocinar, otros que fue enterrar lo que hizo al hombre hombre, mujer a la mujer. Aunque enterrar es otro abuso torpe del lenguaje. Donde dice enterrar debería decir encavernar o quemar o entregar a las aguas o colgar de una rama, y deberíamos decir: que lo que terminó de hacer de aquellos monos animales diferentes fue la decisión de ocuparse de sus muertos, decidir que esos montones de materia que carroñeros comerían o el tiempo pudriría merecían un destino mejor porque había deudos o dioses o espíritus que así lo demandaban.

Los ritos funerarios cambian con los tiempos y, en cada cual, hablan de su cultura: nada más contemporáneo que el paso del cementerio urbano —donde filas y más filas de nichos se amontonan según el modelo de los edificios de viviendas– al cementerio country club –donde los muertos viven en las bucólicas parcelas de un barrio privado—. Pero las verdes praderas son, como casi todo últimamente, un privilegio: un planeta superpoblado sólo soporta tales coqueterías si las practican pocos. Lo cierto es que somos demasiados y nos morimos casi todos, así que los muertos tienen cada vez más problemas para encontrar su lugar en el mundo.
"Unas semanas de bacterias y enzimas convertirán a mamá en 80 litros de humus de primer"
La cremación es, hoy, la solución favorecida: convertir al abuelo en una cajita de cenizas que queda tan emotiva en el estante de la sala, a la izquierda del televisor. Pero la quema de señoras y señores produce mucho gas de efecto invernadero, y la conciencia ecololó se preocupaba; ahora, se dice, ha encontrado por fin una muerte que la satisface.

La tendencia apareció, faltaba más, en Estados Unidos, y lo cuenta el New York Times. Allí –en Seattle, of course– una arquitecta de 37 años, Katrina Spade, armó una empresa, Urban Death Project –Proyecto Muerte Urbana– que ofrece una forma nueva de la vida eterna: abonar, igual que en esta vida de consumo, sólo que en su significado primitivo: ser abono.

El mecanismo es simple: el cuerpo yerto se tiende sobre leña y se cubre con leña. Entonces el nitrógeno de la carne y los huesos se combina con el carbón de la madera para llevar la materia a unos 140 grados y “cocinarla” y producir la mejor tierra.

La idea tiene antecedentes fructíferos: ya muchas granjas norteamericanas hacen compost con los cuerpos de sus vacas, ovejas, cerdos muertos. Pensar que nuestros restos pueden terminar igual que los de otros animales es un paso interesante: desandar el camino que nos llevó, hace tantos milenios, a inventar los ritos funerarios.

Pero la señora Spade ofrece algún paliativo: una torre funeraria donde los deudos llevarían a su difunto y lo acostarían en una plataforma, con sus maderitas. Allí, bajo el cuidado de sus empleados, unas pocas semanas de bacterias y enzimas convertirían a mamá en 80 litros de humus de primera –que sus deudos podrían usar, si les place, para abonar una planta, algún árbol, y asegurar su permanencia verde–. Y todo por un precio muy inferior a cualquier otro rito: no más de 2.500 dólares, unos 2.350 euros.

La idea es casi revolucionaria: de cómo convencernos de que los muertos están muertos, que somos pura materia natural –camino de pudrirse–. El problema es que hay que vendérsela a los vivos. Es incómodo pensarse en un cajón plomado, hoguera despiadada, hoyo profundo; no es fácil imaginarse fermentando entre leños con el noble propósito de mejorar las alcachofas. Aunque siempre se pueda recurrir, como consuelo, al maestro Quevedo: “Serán abono, mas tendrá sentido…”.

lunes, 30 de marzo de 2015

Fallecimiento en un hospital


El testimonio de una persona que nos cuenta el fallecimiento de su padre en un hospital de agudos y que nos sirve de reflexión para recordar que el planteamiento paliativo aún debe calar entre los profesionales y que la persona es mucho más que un órgano que fracasa.


sábado, 28 de marzo de 2015

El duelo de un niño, de una niña, ante la pérdida de un progenitor





Shutterstock






CRISTINA JARAMILLO Sapos y Princesas
Actualizado: 28/03/2015 01:15 horas

A todos padres nos ha preocupado alguna vez que nuestros hijos tengan que pasar por la muerte de alguno de sus progenitores cuando aún son pequeños. ¿Cómo y cuándo se le comunica a un niño una noticia tan tremenda? ¿Cómo pasa el duelo un niño? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos ante una situación así?

Para responder a estas dudas hemos hablado con la psicóloga Silvia Álava, directora del Área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, y autora del libro Queremos hijos felices (JDEJ editores, 2014).

"Los niños no entienden el concepto de no retorno"

¿Cuándo debemos comunicar a un niño una noticia tan traumática como puede ser la muerte de uno de sus padres?

Partiendo del hecho de que nunca es buen momento, no hay que esperar mucho tiempo para comunicar al niño la muerte de su progenitor. Lo ideal es que el adulto que se lo transmite sea el otro padre, y que pueda estar lo más "entero" posible. Pero no siempre se puede conseguir, y la espera y la incertidumbre si esperamos a que el padre o la madre lo haya superado, puede ser peor.
Los niños necesitan saber lo que pasa, se dan cuenta de que algo terrible ha ocurrido, al ver las reacciones de los adultos, que no están sus padres...
En ningún caso podemos mentir, le diremos la verdad, de la forma más dulce posible y adaptando la información a su edad. La gestión del silencio y de la incertidumbre o las mentiras casi nunca darán buen resultado.

Una vez elegido el momento, ¿qué le decimos?

Es muy importante no dar más información de la necesaria. A los niños hay que decirles que la persona en cuestión ha muerto pero no hace falta darle más explicaciones sobre las causas ni detalles sobre el fallecimiento. No los necesitan.
Algo que les ayuda a entender la muerte es hablarles de una mascota, el típico pez naranja de feria que se les murió. Por muy duro que nos parezca, los niños tienen que saber que la vida termina.
Independientemente de nuestras creencias religiosas hay que ser claros en el mensaje, no debemos utilizar aforismos ni metáforas como "se ha ido", para no crear falsas expectativas sobre la vuelta del ser querido. Los niños, sobre todo cuando son muy pequeños, no entienden el concepto de no retorno. Por lo que hay que explicarles que está muerto y que nunca lo volverán a ver. Se pueden incluir explicaciones religiosas como que está en el cielo... pero hay que explicarles que el cielo es metafórico, no es un lugar al que nosotros podamos ir, porque puede ocurrir que algunos niños piensen que va a volver y eso les puede crear mucha confusión.

¿Qué podemos esperar de la primera reacción de un niño?

Las primeras reacciones pueden ser tremendamente dispares. Van a depender mucho, de la edad y de las variables de personalidad del niño. Puede haber niños que se queden en estado de shock, es decir, que al principio no se den cuenta de lo que está pasando, no lo asuman y necesiten un tiempo para asimilarlo y empezar a hacer su duelo, sin embargo, habrá otros niños que de entrada sí se queden tremendamente afectados.
No podemos pensar que la reacción es siempre la misma, va a depender mucho del niño. Pero lo que siempre debemos hacer es respetar los tiempos propios de cada niño. Hay que dar a cada uno el tiempo que necesite. Lo importante aquí es saber que el duelo tiene sus fases y que no nos las podemos saltar, todo lleva un determinado tiempo.

¿Debe un niño ir al funeral de su padre o de su madre?

También en esto va a haber muchas diferencias individuales, va a depender mucho de las características y personalidad de cada niño, así como de su edad.
Hay que tener muy presente que ir a un tanatorio a ver el féretro de cualquier familiar es muy doloroso, cuanto más de un padre o una madre. Así que en absoluto debemos forzar la situación.
Nada va a aportar la presencia de un niño en estas situaciones y con niños muy sensibles lo único que conseguiremos es que lo pasen francamente mal. Lo que sí debe hacer siempre el niño es despedirse, pero lo puede hacer a través de una carta, yendo a posteriori al lugar donde descanse el cuerpo o hacerlo de forma figurada... cuando haya pasado ya un tiempo. La despedida es clave para poder empezar el duelo, pero esto no implica, de ninguna manera, que la despedida deba ser de cuerpo presente.

¿Qué pasa cuando despiertan sentimientos de culpabilidad?

En ocasiones hay niños que se sienten culpables por no haberse portado bien con su padre o con su madre, o incluso que relacionan la muerte con algo que ellos hicieron o dijeron, por eso, hay que explicarles lo que ha pasado, si ha tenido un accidente, una enfermedad... (pero sin entrar en muchos detalles) explicándoles que ellos no tienen la culpa de lo ocurrido.

Una respuesta muy habitual en estos casos, es que los niños se sientan inseguros ante la nueva situación, no solo por la tristeza del momento, sino porque se plantean que al otro progenitor también le puede pasar algo, que la gente se puede morir y desaparecer de un día para otro y que en un momento dado se puede quedar solo. Por eso será fundamental dar al niño mucha seguridad, haciéndole ver que el progenitor superviviente no está enfermo, que no le va a pasar nada... La inseguridad es una respuesta muy habitual en los niños quizás no de manera inmediata pero sí un poco más a medio plazo.

¿Qué otros síntomas puede manifestar a medio plazo?

A corto plazo el niño se puede sentir muy triste, incluso con rabia ante la pérdida del progenitor. Estas reacciones son normales y hay que permitirles que las expresen. Hay que dejar que el niño llore todo lo que quiera y exprese sus sentimientos, a medio plazo puede haber síntomas de regresión y, sobre todo, ese sentimiento de inseguridad.
El niño estará triste y hay que hacerle ver que es normal que se sienta así. No pasa nada si ve que los adultos también lloran, porque es normal llorar la muerte de un familiar cercano, sobre todo, en un primer momento.
Cuando en un primer momento no lloramos, por lo general, lo que estamos haciendo es retrasar el duelo.

¿En qué momento debemos pedir ayuda a un psicólogo o un especialista?

Antes de pedir ayuda a un psicólogo lo primero que hay que hacer es hablar siempre con el colegio. Para que sus profesores estén informados, para que le puedan dar apoyo, para que le arropen un poquito... y no solo en el momento del desenlace, también a posteriori en el colegio deben conocer la situación, que el niño es huérfano de alguno de los progenitores para que se tenga en cuenta en el colegio a la hora de llevar a cabo las actividades familiares, como el día del padre o de la madre, y gestionar adecuadamente estos temas desde allí.
Es muy importante también contar con los amigos. En un momento así no debemos plantearnos cosas como cambiar al niño de colegio, ni de su entorno, es decir, no quitarle las cosas que le dan un poco de seguridad, y que pueda contar con el resto de familiares, amiguitos, colegio...

¿Cuánto puede durar el duelo y cómo valorar si no se está superando?

El duelo depende de cada persona y de cada situación pero lo normal es tener un mínimo tres meses. Ahí es cuando tenemos que estar pendientes y valorar si la ayuda de un profesional puede ser necesaria:
·        Cuando vemos que el duelo dura más de lo normal.
·        Cuando el niño no asume la pérdida.
·        Si ha habido comportamientos regresivos, es decir que el niño deje de hacer cosas que hacía antes.
·        Notarlo apático, que no sonríe, que no tiene ilusión... 

De la misma manera, debemos estar muy atentos a las señales de su comportamiento, analizar sus sentimientos, ver qué cosas dicen, qué cosas dibujan. El objetivo es que se vaya superando la situación de muerte del progenitor, poco a poco, de forma que lo pueda integrar en la vida cotidiana y lo pueda verbalizar con normalidad, contándole a un amiguito, o a alguien que le pregunte, que no tienen papá o mamá. En el momento que esto ocurra, será un buen síntoma de que el duelo se está superando.

¿Es bueno que hablemos con el niño del tema?

Es bueno que el niño sienta que siempre que él quiere hablar del tema puede hacerlo. Y que siempre que quiera expresar "estoy triste" "echo de menos a mamá/papá"... va a ser respetado y comprendido y le vamos a decir que, por supuesto, que lo entendemos porque nosotros también lo echamos de menos. Lo que en ningún momento queremos es borrar esa etapa de su vida, pero el objetivo es que lo integre. El mensaje que le tenemos que dar es que podemos aprender a ser felices a pesar de estar tristes y echar de menos a esa persona. La tristeza no debe impedirnos hacer las cosas cotidianas, el niño tiene que proseguir su vida, debe entender que es normal que esté triste pero debemos enseñarle que esa tristeza no debe interferir en su día a día y se traduzca en temas como fracaso escolar o aislamiento, o dejar de realizar actividades, que es lo último que queremos que ocurra.

¿Puede pasar el niño en este caso por un estrés postraumático?

El estrés postraumático es un diagnóstico muy concreto que ocurre cuando la persona ha estado sometida a una situación especialmente traumática que hace que lo pueda recordar intensamente. Está más asociado a personas que han vivido un trauma en primera persona, esto ocurre cuando el niño ha sido víctima de un accidente, un atentado, una agresión, un robo... pero ante la muerte de un familiar cercano, si el niño no ha estado en el momento del accidente, no hablamos tanto de estrés postraumático sino de tristeza o duelo por la pérdida del familiar.

¿Debe el padre/madre pedir ayuda a un profesional?

Efectivamente, hay veces que el que acude y necesita ayuda profesional no es solo el niño, o niños en caso de que sean varios hermanos, sino el adulto, al que además de la muerte del familiar se le suma una carga extra de responsabilidad. En estos casos, será fundamental trabajar con ambos, tanto con el padre como con el hijo. Hay mucho trabajo que se debe hacer de manera individual tanto con el niño como con el adulto.

¿Qué mensaje positivo lanzaría a un padre/madre que se tenga que enfrentar a esta situación?

En mi experiencia como psicóloga el mejor pronóstico, es decir, los niños que mejor salen adelante, son los que cuentan con un adulto superviviente que supera bien el duelo, tira del niño, trabaja con él, se muestra comprensivo y fuerte... en esos casos los niños lo superan antes y sufren menos. Cuando el progenitor superviviente, independientemente del rol de género, no sobrelleva bien el duelo, los niños lo pasan especialmente mal. Por eso, debemos tener en cuenta que es una responsabilidad extra que recae sobre dicho progenitor: además, de superar su propio duelo debe de encargarse él solo de el niño y aportarle los recursos necesarios para que el niño lo supere. 


Original

lunes, 9 de marzo de 2015

Laurie Anderson escribe sobre los últimos días y la muerte de Lou Reed.



Laurie Anderson y Lou Reed

"Cuando su muerte era ya inminente, Lou dejó el hospital y volvió a casa. Como meditadores, nos habíamos preparado para esto, cómo mover la energía desde el vientre, subirla al corazón y de ahí hacia afuera a través de la cabeza. Nunca he visto una expresión con tanta fascinación como la que tenía Lou mientras moría. Sus manos estaban haciendo el movimiento 21 de TaiCchi, el del "agua que fluye", sus ojos estaban muy abiertos. Tuve en mis brazos a la persona que más amaba en el mundo, y estuve hablando con él mientras moría. Su corazón se detuvo. El no tenia miedo. Pude caminar con èl hasta el final del mundo. Pude ver la vida "Tan bella, tan dolorosa y deslumbrante" en su máxima expresión. Y la muerte? Creo que el propósito de la muerte es la liberación del amor.
En este momento me siento plenamente feliz. Estoy muy orgullosa de la forma en que vivió y murió, de su increíble fortaleza y de su gracia.

Estoy segura de que regresara a mi sueño y que en ellos parecerá estar vivo de nuevo. Y de repente me doy cuenta de que estoy aquì sola, de pie, asombrada y agradecida. Que extraño!, emocionante y milagroso es el hecho de que hayamos podido ayudarnos el uno al otro a evolucionar, que hayamos podido amarnos tanto a través de nuestras palabras, nuestra música y la realidad de nuestras vidas".

LAURIE ANDERSON

 

NOTA: Fragmento del articulo que Laurie Anderson, esposa y compañera de Lou Reed, escribió sobre el adiós al músico para la ediciòn Norteamericana de la revista "Rolling Stones". Wipe guia de Bs As.
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La artista Laurie Anderson, viuda de Lou Reed, ha publicado este jueves 31 de octubre un obituario en un semanario estadounidense local, East Hampton Star:

A nuestros vecinos:
¡Qué otoño tan maravilloso! Todo reluciente y dorado y toda esa increíble luz suave. El agua nos rodea.
Durante los últimos años Lou y yo pasamos tiempo aquí, y aunque somos gente de ciudad este es nuestro hogar espiritual.
La semana pasada le prometí a Lou que lo sacaría del hospital y volveríamos a casa a Springs. ¡Y lo conseguimos!
Lou era un maestro de tai chi y pasó sus últimos días aquí feliz y deslumbrado por la belleza y el poder y dulzura de la naturaleza. Murió el domingo por la mañana mirando a los árboles y haciendo la famosa posición 21 del tai chi con tan solo sus manos de músico moviéndose en el aire.
Lou era un príncipe y un guerrero y sé que sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo llenarán a muchas personas con la extraordinaria alegría de vivir que él tenía. Larga vida a la belleza que desciende y perdura y que se adentra en todos nosotros.

Laurie Anderson
Su amante esposa y eterna amiga 
 

Entierros ecológicos: ¿Cómo serán los cementerios del futuro

Cápsula Mundi, una idea para que los cuerpos sin vida se conviertan en árboles, revoluciona internet y abre el debate sobre cómo queremos que sean los entierros en las próximas décadas.

ecologia

Foto: Cortesía de Cápsula Mundi

Existen pocas ideas tan elocuentes sobre el inabarcable “estilo de vida” como el “estilo de muerte” que podríamos tener. De momento, no es posible elegir cómo morirse, pero hacerlo de manera respetuosa con el medio ambiente podría ser una de las fórmulas que alivien la angustia existencial más antigua que se conoce.

Hace unos días, un estudio de diseño italiano lanzó la idea Cápsula Mundi. Se trata de unas vainas orgánicas en las que se introducirían en postura fetal los cuerpos sin vida y que, con los años y los cuidados oportunos, se convertirían en el recuerdo en forma de árbol de la persona fallecida dando lugar a bonitos “cementerios sagrados”.

La legislación actual no permite que el proyecto sea más que una conceptualización de la idea del cementerio del futuro: necrópolis con troncos, ramas y hojas en lugar de lápidas. Pero la propuesta ha causado sensación en Internet y no sorprende: ¿Quién no elegiría, una vez muerto, poder convertirse en nutriente para su árbol favorito y acabar “siendo” un ejemplar lustroso de esa especie vegetal siempre perenne? ¿Quién no preferiría “ser” una sequoia o un roble que brota de la tierra en lugar de yacer bajo la misma? ¿Qué hay, en definitiva, más simbólico que volver a la tierra al morir y que nuestros allegados nos recuerden a través de algo vivo?

entierros ecologicos

Foto: Cortesía de Cápsula Mundi

En lo que las autoridades y la cultura fúnebre avanzan hacia ideas como esta, podemos conformarnos con intentos menos reconfortantes y poéticos pero igual de biodegradables que ya están funcionando en España. Mémora, es una de las empresas funerarias pioneras en proporcionar entierros ecológicos y su carta de servicios incluye opciones para casi todos los gustos como los féretros sostenibles, para quienes no deseen rarezas pero tengan conciencia ecológica. Se trata de ataúdes que están realizados con maderas provenientes de talas controladas, barnices al agua, menos perniciosos para el ecosistema, sin herrajes metálicos y con interiores de algodón 100%. De algodón puro y botones de madera son también los trajes y sudarios que deberíamos vestir para una cita con la muerte que cumpliera el dress code ecológico y que algunas funerarias ya ofrecen a quienes quieran tenerlo en cuenta.

Para quienes prefieran la cremación a la inhumación o cualquier otro destino de su cuerpo las opciones ecológicas son más de las que pudieran parecer: urnas ecológicas para cenizas que se integran de forma respetuosa en el medio ambiente.  Las hay de sal, que se disuelven al contacto con el agua evitando así consecuencias embarazosas para el finado, sus familiares y los pescadores que pasen por allí y, sobre todo, cerrando un simbólico ciclo de la vida en los apenas 30 minutos que tardan en deshacerse. Lo mismo ocurre con las que se disuelven en contacto con la tierra, aunque estas tardan en cerrar el círculo un poco más, entre uno y tres meses en función de cuestiones como el grado de humedad del suelo en el que se deposite.

entierros ecologicos

Foto: Cortesía de Cápsula Mundi

Claro que, hablando de suelos y de círculos, se da la circunstancia de que la Cápsula Mundi del estudio italiano que estos días ha revolucionado la red, quizá tenga un precedente alicantino. La empresa de Alcoy, Limbo, revolucionó la edición de 2010 de Tanexo –una feria funeraria celebrada en Bolonia– al presentar la urna Geos, elaborada con sustratos orgánicos y cuya tapa podía sustituirse por la semilla de un pequeño árbol. La presentaban como el modelo perfecto para quien quisiera enterrar a un ser querido en su propio jardín y, dado que su valor añadido es el de convertirse en un ejemplar vegetal, uno se pregunta si es justo que árboles parecidos a los de la Cápsula Mundi todavía no sean posibles... salvo si eres el propietario del terreno y acompañas tus cenizas de una semilla.

arboles

Foto: Cortesía de Cápsula Mundi

el pais

viernes, 23 de enero de 2015

Seguirem vivint

Seguiremos viviendo es el título de un libro de una luz, una ternura, una hondura y una belleza muy especial; en la frontera de la vida y de la muerte, y de lo que cuenta de verdad en el camino del corazón y de la vida. Seguir viviendo como tributo y fuente de amor con los seres amados que hemos perdido y que siguen en nuestro corazón para siempre.
La autora, Elisabet, tras la muerte de su hija Gina de 11 años, aquejada del síndrome de Rett ha escrito este libro que me ha conmovido durante las tres noches consecutivas que lo he leído antes de ceder al sueño y me ha hecho sentir más humilde y más amoroso. Lo recomiendo vivamente.


Os comparto dos enlaces de interés:
Video sobre el libro: http://youtu.be/Ui4LA0_ZNSs

Campaña a la que están destinados los fondos recaudados con la venta del libro: http://implica-t.org/campaigns/seguirem-vivint/
 

Abrazo,
JOAN GARRIGA