lunes, 14 de noviembre de 2011

No. 6 Sobre, contra, desde la Frontera.

La mayoría de fronteras son, en tanto que construidas, ficticias, pero eso no quiere decir que no existan. El espacio que separa al individuo de la frontera es el espacio que va del yo al nosotros. Hacia dónde enfoquemos el límite de ese nosotros determina el tipo de frontera que trazamos. La patria. El género. La normalidad. Ser español o sueco; norvietnamita o togolés; hombre o mujer; loco o cuerdo. Fronteras que, como si fuéramos diccionarios con piernas, nos definen y que, en todos los casos, son discutibles.

Otras son incluso más íntimas: el límite del yo, el lugar en el que acaba el mundo y empieza uno mismo. La piel, podría decir cualquier occidental de tres al cuarto. Mis libretas, replicaría otro que se las da de poeta. Mi sombra, mi aliento, mi saliva, el lugar en el que enterraron la placenta en la que crecí, me podría contestar un ndowe si para él tuviese algún sentido el sustrato dualista de mi pregunta. Como se ve, también esta frontera es altamente discutible…

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