miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿Qué lleva a un deportista de éxito a plantearse el suicidio?

  • Según la psiquiatra Carrier, el deportista 'pervierte su relación con la muerte'
  • El CIO pide un seguimiento psicológico de los atletas a las federaciones
El suicidio del entrenador de la selección de fútbol de Gales, Gary Speed, reitera que los atletas no son inmunes al sufrimiento psicológico y, a veces, son víctimas de la práctica del alto nivel y sus derivaciones.

Gary Speed, encontrado ahorcado en su casa el domingo; el francés Pierre Quinon, campeón olímpico de salto con pértiga en 1984, que desapareció este verano; Robert Enke, portero internacional alemán que se suicidó hace dos años ... Los suicidios de estos campeones colisionan invariablemente con quienes asocian el deporte con virtudes sanitarias y a los deportistas con una imagen indestructible, mientras dan la razón a quienes atribuyen a la competición efectos generadores de ansiedad o incluso de depresión.

"La prevalencia de problemas psicológicos es inferior, en los deportistas, que en la población: menos de un 1% de casos de depresión profunda contra 2,6%", explica Karine Schaal, investigadora del Instituto de Investigación Médica y epidemiología del deportes, directora de un estudio sobre 2.000 deportistas. Activos.

La adicción y la depresión

Psiquiatra reconocida en el ámbito del deporte, Claire Carrier tiene una visión menos cuantitativa. "Cuando uno es deportista de elite, tienes que matar el cuerpo natural para dar paso al cuerpo atlético. Esto pervierte la relación con la muerte", dice ella. "Después de una carrera profesional, el cuerpo atlético ya no sirve para nada. Reactivar su cuerpo natural, una vez que su imagen está irreversiblemente destruida, es una apuesta imposible".

Trastornos del comportamiento (anorexia), adicciones (drogadicción, dopaje) y los comportamientos suicidas encuentran su sitio en esta relación errónea con el cuerpo, herramienta de trabajo. Un hecho demostrado por el famoso estudio del profesor William Lowenstein, que establecía la excesiva representación de deportistas de alto nivel entre la población de toxicómanos.

El doctor Jean-Christophe Seznec, ex psicólogo en las selecciones francesas de ciclismo, insiste de igual manera sobre los peligros que acechan después de la retirada. "El reto para el hombre es aprender a ser. Al final de una trayectoria deportiva se enfrenta a las mismas cuestiones existenciales sin haber superado las mismas etapas que los demás".

El seguimiento psicológico de la ley

"Hay que imaginarse la violencia del cambio. Has trabajado durante años por un objetivo, con un entorno abnegado y omnipresente... ¿Y en qué te conviertes? ¿Portero de estadio, monitor de natación. Muchos deportistas se dicen: 'Antes, todo el mundo me reconocía', continúa el psiquiatra, que señala una "fragilidad narciso-depresiva de los deportistas, que compensan su dificultad para 'ser' haciendo cosas".

Tras haber sido mucho tiempo tabú, el equilibrio psicológico del deportista de alto nivel se ha convertido en una preocupación. En Francia, la ley 2006 introdujo lo obligación de un seguimiento médico que comprende un chequeo psicológico bianual.

En el plano internacional, el Comité Internacional Olímpico (CIO) se interesa de los problemas psicológicos en el deporte dese hace una decena de años. "Se trabaja contra corriente sobre todos los factores que provocan estos problemas", indica el doctor Patrick Schamasch, director de la Comisión Médica. "Después establecemos consensos sobre asuntos como el comportamiento alimentario, la imagen corporal, el entorno, la vida después de la retirada y emitimos nuestras recomendaciones a las federaciones".

Le corresponde entonces a cada entidad, federación o comité olímpico nacional establecer un seguimiento. Un monitoreo desigual, a menudo guiado por personal sin formación adecuada. Un seguimiento que se centra en los deportistas en activo y deja a los 'ex' con sus demonios.

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