martes, 31 de julio de 2012

Más que creer, experimento.


 


Nací en Bolivia, y vivo entre Barcelona y el campo con Jerónimo. No tengo hijos. Licenciada en Historia del Arte, he sido pintora, escultora y recibí enseñanzas de los indios quechuas y aimaras. Estamos en manos de políticos sin empatía y amorales. Más que creer, experimento.

Salvaje ilustrada Sus padres, andaluces, se fueron a hacer las Américas. Amamantada por una indígena, Xabela se crió en la selva del Machu Picchu hasta los 15 años. Viviendo entre indígenas desarrolló con normalidad la capacidad de comunicación con la naturaleza y el don de la sanación, que, pasada la adolescencia, empezó a asustarla. Se licenció en Bellas Artes en Barcelona y en Historia del Arte en Roma, y durante años se apartó de esos otros mundos hasta que el dolor de la muerte la hizo reconectar. Aprendió de maestros espirituales de distintos linajes, terapeutas y sanadores occidentales hasta crear un método propio (info@metodobengala.com), que imparte en cursos de tres años.

Qué es lo más importante que le ha sucedido?
Nacer, la muerte de mi madre, y descubrir que los hombres son bastante incapaces de amar.

Vayamos por partes.
El milagro somos nosotros, pero estamos siempre buscando una razón a nuestra existencia que justificamos a través de hechos: somos artistas, abogados..., justificamos con etiquetas lo que hacemos en el mundo.

¿Y no es así?
El ser en sí mismo es el milagro al que muy pocos tienen acceso, porque es un viaje interior tremendo, y para llegar a hacerlo has de tener o muy buena suerte o muy mala suerte; en medio no hay nada.

¿Qué aprendió de los indios quechuas y aimaras?
A escuchar la naturaleza, a reconocer que la magia es la propia vida, estamos dentro de la marmita. La cosa es si somos capaces de despertar a esa realidad o no.

¿Cómo percibir esa magia?
Tiene que ver con abrirse, con ceder, con la atención y la cooperación. Es una experiencia: yo veo.

¿?
Conecto con otros planos de existencia y trabajo con ellos creando puentes de comunicación. Estamos compartiendo esos mundos pero no somos conscientes.

¿Qué mundos?
Trabajo con el mundo angélico y con otras formas de vida que no sé definir, sano a la gente de acuerdo con lo que ellos me indican. Pero me horroriza la imagen que se tiene de las personas con este tipo de capacidades. Es difícil no pasar por friqui y mantener la coherencia sin que te marginen.

¿Le ha sucedido?
Durante muchos años formé parte de un círculo de intelectuales y artistas, y cuando mostré esta faceta me quedé sola, mis amigos creyeron que había enloquecido.

La muerte de la madre...
Si cambias tu manera de percibirte, cambia tu percepción del mundo, eso es crecer. La madre es la Tierra y perderla me desarraigó, tuve dos años de ataques de pánico, pero alcancé una cota de comprensión espiritual muy poderosa que he ido estructurando en un método de sanación: el método Bengala.

¿En qué consiste?
Intento facilitar vías de resolución para que el alma pueda expresarse: es un adiestramiento psicofísico espiritual.

¿Qué comprendió?
Me aislé durante un año y medio en el Pirineo y experimenté una serie de realidades que no conocía. Me hablaban las entidades del bosque: existen las hadas y los elfos.

¿Sí?
Sí. Y puedo ver tu hígado, tu páncreas. Se me abrió un estado de percepción superior, puedo registrar otros planos de visión como el cuerpo humano por dentro. Nuestro cuerpo es luz materializada.

¿Cómo abrirse a esos mundos?
Respecto a ese tema hay mucha fantasía, muchas películas y mucho miedo, pero es una realidad cotidiana. Vivimos con otros seres y existimos en otras realidades paralelas. Somos más vacío que materia y todo lo que vemos es una realidad subjetiva.

¿Hay algún atajo?
La meditación. Para llegar a tocar esos mundos paralelos tienes que creer, decidir hacerlo y vencer el miedo. Y si tienes la suerte de no ser excesivamente racional...

Usted se crió entre gente que asumía esos mundos.
Mi padre era ingeniero y se encargaba de la distribución de agua por todo el Machu Picchu, por eso estaba siempre con los indios. También tuvieron una flota de barcos y viví cosas maravillosas, como seguir durante días la navegación de una ballena.

Vivencias casi irreales.
Establecer líneas de conexión entre lo que llamamos imaginario y lo real es esencial para crecer, para llegar a esos otros lugares.

¿A qué se refiere?
El inconsciente es el gran almacén que controla nuestra vida. Si hay un corte entre lo consciente y lo inconsciente, la persona es una neurótica, tal como es nuestra sociedad. Has de alumbrar tu inconsciente.

¿Cómo le dejas espacio?
El arte es uno de los puentes. Has de permitirte ser lo que eres, tener un espacio de no respuesta hacia los demás, de intimidad. Si no te das un espacio de experimentación, lo cual es muy difícil porque vivimos en una sociedad que se autojuzga constantemente, no puedes expresar lo que llevas dentro.

El gran monstruo es el miedo.
Estamos aquí para conocernos, no para conocer al vecino. El dolor es un puente para conectar con nosotros mismos.

Prefiero las ballenas.
No hay palabras para explicarlo, ¿cómo explicar que la ballena, el amanecer, el barco y todos los tripulantes latían con un mismo corazón, que no se podía distinguir dónde empezaba uno y acababa otro?

Tal como lo ha hecho.
¿Ah?, ¿le sirve?

Me sirve. Decía que ellos no aman.
He sido la mujer de Miquel Barceló, de Peter Gabriel..., hombres aparentemente abiertos, y siempre esa relación entre lo duro y lo blando. A mí me interesa la ternura, ese es mi mensaje.

¿Cuál?
Que abramos el corazón a la capacidad infinita de vivir y de existir.

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