lunes, 24 de octubre de 2011

el duelo en los niños

Al padre de Pau se le ha parado el corazón

Por: Clara Blanchar
Cel2

Me gusta pensar como Pau. Que Jordi, su padre, está en el cielo. Cuando Elisabet le comunicó la semana pasada que a su padre se le había parado el corazón, Pau, de cinco años, le preguntó: “¿Y dónde está?”. “¿A ti donde te gusta pensar que está?”, repreguntó ella. “En el cielo”. Es bonito, grande y también es práctico: el cielo siempre está. Jordi murió la semana pasada después de más de dos años ganando batallas contra un cáncer. Tenía 41 años y si queréis conocerle un poco más, recomiendo este emocionante artículo que Carina Farreras escribió en La Vanguardia. Sin protagonizarlo, en el texto se cuela Elisabet, la madre de Pau, que como Jordi nos ha dado una lección enorme: que el miedo a morir impide vivir, la frase entrecomillada que titula la página del periódico.

Hasta ahora, en las clases del parvulario de nuestra escuela habían afrontado la muerte de abuelos y algún tío, pero nunca la del padre de un alumno. Una vez más admiro como el equipo de maestras se preparó en las semanas anteriores y como esta primera semana ha acompañado a Pau. En los últimos días de vida de Jordi, la maestra de P5, habló con los niños del corazón: qué animales lo tienen, si nosotros lo tenemos, para qué sirve, qué pasa cuando se para… La maestra del grupo unitario –el parvulario tiene un funcionamiento singular que expliqué el curso pasado en este post—tuvo la vista de dar la oportunidad a Pau para que explicara a sus compañeros la enfermedad de su padre y que estaba en el hospital. Y lo más bonito, mientras al resto de familias nos devolvieron las fotos de las vacaciones, dejaron colgadas en el corcho de la clase las de Pau y su familia. Así Jordi está presente y será un referente el día que el niño se decida a hablar del tema. Compartirán que aunque no esté aquí, siempre será su padre, que le podrán recordar a través de la memoria y las fotos, que la pena se hace pequeña a medida que pasa el tiempo, que si se comparte y se reparte ya no es tan grande…

Por ahora no ha querido. Se lo explica a los adultos (la maestra de música, la que entra a dar conversación en inglés…) y busca su contacto físico más allá de lo habitual, pero no habla del tema con sus compañeros. El resto de niños se lo está respetando, cuenta orgullosa la maestra. Saben que está triste, comparten su tristeza y le han ofrecido situaciones que propiciaran hablar, pero todavía es pronto. El Centro de Recursos Pedagógicos recomienda, como el sentido común, esperar y estar ahí el día que ocurra. Las maestras subrayan que dentro de la enorme putada que es lo que ha ocurrido, cinco años es una edad en la que la figura paterna está bien anclada, una circunstancia que será positiva para Pau, como lo es estar en el tercer curso de escuela, con un entorno también muy consolidado.

Estos días me acuerdo mucho del premiadísimo documental de la televisión japonesa NHK, de 2002, Escuchando a los demás -el link es una traducción al catalán del programa 60 minuts de TV3, no he encontrado traducción al castellano-, sobre un maestro de primaria que considera que lo más importante que debe pasar en la escuela es que los niños creen vínculos fuertes y sean felices. Los alumnos del maestro Kanamori, de diez años, escriben a diario una carta en la que explican cómo se sienten. Un día, un niño explica que ha faltado a clase por la muerte de su abuelo. Su relato hace estallar de emoción a otra compañera, que revela, para sorpresa del resto, que su padre murió cuando tenía tres años y que nunca lo había contado antes. No es la única muerte del curso, y el documental termina con los niños escribiendo una carta a los padres ausentes. La escriben con letras bien grandes, sobre la arena del patio, para que éstos puedan leerla desde el cielo.

Las últimas horas de la vida de Jordi, ya muy enfermo, también tienen una imagen preciosa. Los jueves, los niños de P5 se llevan un cuento a casa para disfrutarlo en familia durante el fin de semana. A Pau se lo explicó Jordi en el hospital. Idea de Elisabet. La última tarde. Fue su despedida. No sé si es la despedida perfecta, pero me parece un recuerdo hermoso.

Falta otro recuerdo. Póstumo. Jordi participó este año en la serie documental sobre la muerte El vol de la papallona (El vuelo de la mariposa), de la red catalana de televisiones locales (XTVL). Le prestaron una cámara y durante meses grabó su día a día y puso voz a lo que pensaba y sentía. Por lo visto el material es brutal, cuenta Elisabet, que ha visto un borrador. Se emitirá la semana del 7 de noviembre, hay que estar pendiente en la web o vía twitter. No será fácil verlo. Estoy segura de que Jordi puso toda la carne en el asador: nos hará aprender de nuevo y nos cambiará otro poco más. A mejor.
Buen viaje, Jordi.

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